sábado, 23 octubre 2021

Cuando la Pasta No está al Dente

La primera semana de septiembre apareció marcada por un inquietante envoltorio de dèjá vu, la sensación de que nada de lo que sucede pasa por primera vez.

Este comienzo de mes nos ha recordado una herencia que no huele bien. El fenómeno de la censura se ha intensificado como si la actualidad hubiera entrado en bucle para verter sobre nosotros, una vez más, los mismos conflictos, las mismas imágenes, los mismos problemas sin digerir.

Tras años de repetir como un mantra que la alta concentración del sistema medial chileno afecta la libertad de expresión y la democracia y cuando uno de ellos parece levantar su cabeza, siguen los privados queriendo controlar los canales de televisión, una de las demandas más sentidas del Colegio de Periodistas.

Todo lo nuevo es viejo, todo lo sabemos, todo lo hemos visto, lo hemos oído. Pero ojo. Chile cambió. La ciudadanía sabe que el derecho a la comunicación es también el derecho a ser informado y sabe que es un derecho que hay que restituir en toda su amplitud. No es de extrañar que algunos sean enemigos de la memoria histórica.

Si Juan Sutil, presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), durante el estallido social, cortó el auspicio al programa Agenda Agrícola de CNN Chile por no estar de acuerdo con la forma de cubrir la ola de protestas, ahora la empresa transnacional de alimentos Carozzi, hace lo suyo quitándole la publicidad a La Red luego que el canal emitiera el documental “La Batalla de Chile” argumentando que no auspician programas “políticos”. Esa pasta no quedó al dente.

Que Juan Sutil sea el principal financista de la derecha no le hace en menos a que Carlos Cáceres, actual director de Carozzi y defensor del bombardeo a La Moneda, haya sido ministro de Hacienda e Interior de Pinochet. Dos orillas de una misma realidad, que no se define precisamente por el patrimonio, ni por el nivel de ingresos, sino por el grado de desconexión con el nuevo Chile que se está construyendo y el apego a un pasado, por decirlo suave, oscuro.

Yo, como muchas y muchos celebro con la cabeza y con el corazón la emisión del canal de aquella pieza histórica que narra los acontecimientos ocurridos entre 1970 y 1973 y los últimos meses de la Unidad Popular y el Golpe de Estado. Celebro integrar la memoria y celebro su compromiso con la democracia. Aquello me fortalece tanto o más que Popeye al comer espinacas.

Escribo esta columna inspirada en la libertad editorial de La Red y por eso sólo quiero que sepan que estoy de su parte. Estoy de su parte porque han decidido prohibirnos perder la memoria y recordarnos tener presente nuestro pasado para poder ver hacia el futuro. Eso para algunos podrá sonar a advertencia o amenaza al no querer seguir sus pasos. Para mí es un buen consejo. Lo he deseado y añorado tanto, que me encanta estar de parte del canal. Así es el Chile de hoy. No hay más que verlo.

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Periodista, magíster en Antropología y Desarrollo, diplomada en estudios de crítica de cine y edición de textos. En el ámbito profesional, ha desarrollado por más de siete años la docencia universitaria en temas de comunicación oral y escrita. Curiosa intelectualmente, interesada en el acontecer sociopolítico del país y del mundo. Mujer, madre, compañera y opinante. Verónica ( Santiago, 1975) se incorpora a Dystopia porque cree fervientemente en el debate y en abrir espacios de diálogo entre los ciudadanos.

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