miércoles, 23 septiembre 2020

Ausencias

Todo ha sucedido en menos de una semana. Primero fueron las ideas que la televisión daba para hacer rendir la caja de alimentos entregada por el gobierno, parte de las medidas adoptadas para hacer frente a la crisis sanitaria y económica por coronavirus. Después, la gota que rebalsa el vaso y da origen a esta columna, un noticiario de la hora de almuerzo, exhibe una entrevista a conocida chef quien comparte con los telespectadores un menú para las semanas venideras en base a dicha canasta de alimentos. El segmento se extiende por unos minutos. Y tras entregar sus recomendaciones, a modo de cierre, la cocinera se despide con un comentario que no pasó desapercibido para los televidentes en tiempos de pandemia: «Tomar 3 litros de agua al día, con eso van a saciar la sensación de hambre». Y ¿qué pasó después? Tras su polémica aparición en vivo en el noticiario de la TV, la profesional de la cocina fue duramente cuestionada en redes. Pero luego de la conmoción en Internet, salió a aclarar sus dichos y a disculparse con quienes se sintieron mal, sumándose así al teatrillo de las disculpas.

Si la intervención de la chef causó diversas críticas ¿qué pasa con el medio que recomendó a los pobres tomar mucha agua para no sentir hambre?

En serio. ¿Cómo es posible que en los medios y en especial en la televisión el nivel de ausencias y lejanía con la realidad sea tan alto que no deje mostrar lo que está sucediendo? ¿Es acaso que en la televisión chilena no cabe ni el hambre, ni la pobreza, ni las y los trabajadores y todo sea condenado a la invisibilidad? ¿Qué más no cabe? Muchas cosas más, pero lo que sí entra por esa veleidosa puerta es la banalidad disfrazada de “entretención”, todo guiado por el principio de maximizar las ganancias ¿No puede, por una vez después de tanto tiempo, cumplir con su rol y dejar de evadirse de la realidad? ¿Hasta cuándo la televisión muestra ocultando? ¿Las políticas mediáticas entenderán que al invisibilizar y reducir la pobreza y el hambre a la mínima expresión entorpecen las posibilidades de chilenas y chilenos de ver, entender y por ende cambiar las profundas estructuras de poder en el país? Ni hablar del autofinanciamiento del canal público, tema que da para un doctorado o una investigación postdoctoral al dejar que el canal “de todos los chilenos” se rija por criterios comerciales impidiendo el cumplimento de su misión pública.

La televisión está muy lejos y al parecer no le afecta. No vi a nadie guardar un minuto de silencio por las víctimas de la revuelta de octubre y tampoco he visto a nadie guardar ni medio minuto de silencio por las víctimas de la pandemia. Solo el boletín diario y sus fríos números. Los periodistas lo saben, incluyendo a los que trabajan en televisión quienes de igual forma se limitan a las historias personales, explotando su ángulo sentimental y dramático, ocultando, precisamente las razones estructurales y el contexto profundo de los problemas de las y los chilenos. Lo del hambre y la pobreza ante la crisis sanitaria es lo mismo ¿Les costará mucho esfuerzo explicar el hambre y centrarse en sus responsables, en sus dimensiones políticas y no en las víctimas? ¿Qué más tiene que pasar para que la televisión aborde temas de justicia social o de derechos humanos? ¿No se dan cuenta que empobrecen la democracia y el debate público? ¿Cuánto tiempo más va a enfocar a la población más vulnerada como un mundo pintoresco que mostrar de vez en cuando? Sólo me queda una pregunta más ¿Hasta cuándo la televisión es fuente inagotable de ausencias?

 

 

ILUSTRACIÓN DE PORTADA: «La construcción social de la realidad a través de la televisión.» Viñeta de Miguel Brieva.

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Periodista, magíster en Antropología y Desarrollo, diplomada en estudios de crítica de cine y edición de textos. En el ámbito profesional, ha desarrollado por más de siete años la docencia universitaria en temas de comunicación oral y escrita. Curiosa intelectualmente, interesada en el acontecer sociopolítico del país y del mundo. Mujer, madre, compañera y opinante. Verónica ( Santiago, 1975) se incorpora a Dystopia porque cree fervientemente en el debate y en abrir espacios de diálogo entre los ciudadanos.

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