miércoles, 23 septiembre 2020

SOBRE UN CASO DE VOLUNTARIADO EN CUBA

En el Centro Cultural Rayen se realizó el conversatorio “Viaje al mito y la leyenda”, el cual giró en torno al viaje realizado por algunos integrantes de dicho espacio a la República de Cuba a fines de Enero 2018, junto a la XXV Brigada Suramericana de Solidaridad con Cuba.

A modo de síntesis preliminar

Encontrándose alojada en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella (CIJAM), ubicado en Caimito, la XXV Brigada Sudamericana (1), integrada por personas provenientes de Chile, Argentina y Brasil, así como una representante de Uruguay, tuvo la posibilidad de ofrecer un voluntariado en la Isla por alrededor de una semana. Pudo además visitar sitios históricos en Artemisa, La Habana, Villa Clara, Santiago de Cuba y Granma, participando así de diversas instancias tales como el Desfile de las Antorchas en homenaje a José Martí, un tributo al Che, un tributo de recordación a Fidel, un Encuentro de Solidaridad, una visita al espacio “En Nombre de la Paz” y por último, un acto oficial de clausura en Bayamo.

Durante la afectuosa bienvenida a la brigada, Elio Gámez Neyra, vicepresidente primero del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), valoró el tiempo de vacaciones sacrificado, el esfuerzo económico realizado para la experiencia, con motivo de conocer directamente la realidad, compartir con la población y aportar trabajo voluntario en la agricultura de la Isla. Del mismo modo se refirió al irrestricto apoyo por parte de Cuba  a las causas palestina, saharaui y venezolana.

Como señalábamos al principio, lo anterior fue expuesto en el Centro Cultural Rayen, durante el conversatorio “Viaje al mito y la leyenda”, instancia fecunda de nuevos saberes y sentires que hacieron vibrar las inmediaciones del espacio. Diversas anécdotas fueron relatadas, muchas de las cuales no era fácil concebir desde la realidad local, o que en su defecto, significaban todo un esfuerzo a la hora de encontrar las palabras precisas para ser expresadas. Paralelamente a los relatos se exhibió un registro fotográfico y, por último, hubo un diálogo entre los recién llegados y quienes se encontraban ansiosos por conocer más de tan atractiva experiencia. Todo esto no podría haberse realizado sin la abundante comida compartida y preparada especialmente para la ocasión, distintivo del afecto que habitualmente se transmite desde el centro cultural.

El viaje en retrospectiva

Cuba supone un gran número de interrogantes. Como es sabido, desde nuestra latitud éstas suelen obedecen a los más absurdos prejuicios. El motivo es claro: independientemente de sí se está a favor o no de la Isla y su revolución, es innegable su influencia para Nuestra América. Zibechi afirma que está significó un sacudón gigantesco para la región, tanto para los sectores populares como para la juventud de las clases medias, pero también para las oligarquías y las burguesías criollas, que por primera vez en mucho tiempo contemplaron, con estupor y temor, la fiesta de los desposeídos: la reforma agraria y la nacionalización de las grandes empresas, así como la dignificación de los trabajadores, los campesinos y los pobres en general (2).

Pero, conclusiones aparte, aquí sólo nos remitiremos lo tratado durante el conversatorio, así como lo discutido posteriormente con nuestros compañeros de ruta tras su experiencia directa en Cuba, y por supuesto, a nuestras propias inquietudes. Señalamos de antemano que muchas de las anécdotas vividas en la Isla estarán insertas en la infografía del registro fotográfico. Hemos decidido adjuntar también dos cartas, debido a que expresan por sí solas, los hallazgos e incertidumbres ante semejante vivencia.

Al comienzo nos referimos a diversas instancias conmemorativas que coincidieron con el paso de la Brigada Sudamericana por la Isla. Sabemos que, aunque Cuba sea indisociable de figuras imperecederas tales como Martí, Fidel o el Che, no es menos cierto que muchas veces nos enfrentamos a una exacerbada mistificación de las mismas en el ámbito local, divorciándolas de su relación con la historia y lo que es más grave aún, de su lugar en el seno del pueblo, lo que tarde o temprano nos hace restarle valor a este último, del que sin su esfuerzo, fe y dinamismo, nada podría haberse realizado, ni menos aún, perdurado hasta hoy.

No es menor que una de las últimas voluntades de Fidel haya sido que tras su muerte, su nombre y figura nunca fuese utilizado para denominar instituciones o lugares. Las páginas sobre éste, sean estudios, rumores o controversias, han colmado nuestras discusiones y comúnmente suelen tener un lugar en nuestra biblioteca. Lo han hecho desde antes de su muerte física. Pero es groseramente poco lo que sabemos del pueblo de Cuba, aquel multitudinario protagonista anónimo, sostén de la Revolución.

Es cuestión de preguntarnos qué es lo que conocemos acerca de la iniciativa popular durante los primeros años de la Revolución. Hubo allí un enorme despliegue de voluntad, creatividad y producción autogestiva, la que mostrándose infatigable en un momento, vio reducido su alcance durante el patrocinio soviético, sólo para reaparecer con mayor envergadura durante los primeros años del “período especial en tiempos de paz”. Al respecto, estamos al corriente de la existencia del libro “Con nuestros propios esfuerzos” (3), publicado en 1992 por la Editora Verde Olivo, la cual se encargó de compilar distintas iniciativas implementadas por el propio pueblo cubano para enfrentar las dificultades casi indescriptibles de dicho período. Es más, dicho libro habría sido una suerte de respuesta a “El libro de la familia”, el cual contenía instructivos formulados  por el propio Estado cubano para su pronta asimilación. Con todo, desconocemos en profundidad el devenir de dicha tentativa. Sí sabemos que fue tan sólo una entre tantas que ha habido en suelo cubano.

De ahí que sea tan importante conocer experiencias de primera mano, sean éstas del propio pueblo cubano, como la expuesta en Con nuestros propios esfuerzos, sean de quienes lo conocen desde nuestro rincón en el mundo, como es el caso de nuestros compatriotas presentes en la Brigada Sudamericana.

Pues en el ámbito local existe un amplio desconocimiento no sólo de Cuba, sino que además de la solidaridad de su pueblo con el nuestro, y por tanto, es poca la retribución que suele ofrecerse, algo a lo menos paradójico si tomamos en cuenta los ejemplos de ayuda en su haber. Por citar sólo un caso entre tantos: durante la Unidad Popular una centena de chilenos viajó a la isla con la finalidad de estudiar gratuitamente medicina para luego volver a Chile y así aportar en los hospitales públicos. Tras el golpe de Estado de 1973, los cubanos no tardaron en consultar al contingente de jóvenes chilenos residentes en la Isla la razón de porque estudiaban y no estaban peleando (4).

Fue así como, convencidos por el propio Fidel Castro, que muchos dejaron sus estudios universitarios y se incorporaron a la carrera militar, sirviendo posteriormente en la Revolución Sandinista en Nicaragua, para luego arribar de regreso al país e incorporarse a la lucha contra la dictadura. La formación universitaria gratuita o la instrucción militar en algún momento, son tan sólo dos entre las múltiples formas que Revolución Cubana se ha encargado de extender la solidaridad con nuestro país y el mundo.

A través de conversaciones espontáneas sostenidas con pobladores de la Isla, la brigada supo cómo tras el golpe de Estado en Chile, diversas familias cubanas cedieron sus casas a familias chilenas residentes en la Isla, para las que se hacía prácticamente imposible su regreso al país.

Por otro lado y según se pudo constatar en el mismo diálogo, existe una relación particular entre Cuba y Chile. El acento del grupo chileno les hacía volverse hacia quienes lo conformaban, ante quienes aprovechaban de consultarles sobre el país. El punto de inicio solía ser mítica visita de Fidel a Chile durante la Unidad Popular, una de las más extensas del líder cubano.

Aunque Allende haya expresó en algún momento que Fidel representaba a una auténtica revolución y manifestado su deseo de intensificar los lazos entre ambos países, lo cierto es que la diferencia entre ambos procesos socialistas era remarcada. El primero había optado por la táctica electoral, el apego a la institucionalidad vigente y la pluralidad de partidos, la denominada “vía chilena hacia el socialismo”, mientras que el segundo era el máximo representante de la vía armada en Nuestra América, de modo que sus incendiarios discursos no tardaron en incomodar al presidente chileno.

Fidel, al tanto de la molestia en la dirigencia de la Unidad Popular, aprovechó su último discurso (5) para referirse a ciertas contradicciones del proceso chileno, las que se tornaron fatídicas como sabemos. “Hemos tenido la oportunidad de aprender y de ver al fascismo en acción. Y sinceramente creemos que no habrá nada que pueda enseñarnos tanto como esta visita” señaló. Asimismo, también consultó al efervescente público presente: “¿Quiénes aprenderán más rápidamente en este proceso? ¿El pueblo o los enemigos del pueblo?” “¿Y están ustedes completamente seguros, ustedes que son protagonistas, que son actores de esta página que escribe su patria; están completamente seguros de que ustedes han aprendido más que sus explotadores? Permítanme entonces discrepar en este caso no del Presidente sino de la masa”. A pesar de lectura positiva que hacían los asistentes frente a las interrogantes del proceso en curso, Fidel, con su suspicacia, se anticipaba a los hechos.

Por otro lado, era en las mismas conversaciones espontaneas con pobladores cubanos que éstos no sólo demostraban un profundo conocimiento de la historia del país, sino que además del continente y, en definitiva, con el Tercer Mundo. Seguían con atención el transcurso de los distintos gobiernos de América Latina.

Hay que subrayar que su conciencia de la historia cubana tenía expresaba tanto las continuidades y rupturas de la misma. Nos referimos por ejemplo a las Guerras de Independencia de Cuba: la primera (1895-1898) y la segunda (1956-1958). Cuando Martí, organizador de la primera, anuncia su concepción de “segunda independencia”, no hacía referencia sólo a Cuba, sino que también a toda América Latina, “Nuestra América”, cómo también él mismo acuño. Desde entonces ha habido hasta hoy varios intentos por llevarla a cabo. En primer lugar, la Revolución Mexicana; el proceso nacionalista de Guatemala desarrollado entre 1944 y 1954, que aplastado por una invasión mercenaria enviada por EE. UU, hospedaba a un joven médico dispuesto a tomar las armas: Ernesto “Che” Guevara. Consideramos esto un antecedente directo de la Revolución Cubana, de modo que la “Segunda Independencia” se habría realizado en las propias tierras del apóstol.

La extraordinaria obra de Martí —sea en su condición literaria o militante— le valió ser considerado “maestro” por Rubén Darío, “supremo varón literario”, para Alfonso Reyes, “el hombre más puro de la raza”, por Gabriela Mistral, así como el “faro que mejor nos guía” para Ezequiel Martínez Estrada. No obstante, es la concepción de “apóstol” la que más llamó la atención de la colectividad chilena.

Había cierta religiosidad en las relaciones de Cuba. No era allí difícil encontrarse con la seguridad, el afecto, el respeto y la solemnidad. La sociedad cubana fue catalogada como ecuménica por la brigada. Había pues, un misticismo a flor de piel, de modo tal que el haber estado allí, significó una suerte de proceso de desintoxicación del neoliberalismo tan enquistado en nuestra sociedad, la misma que le sirvió de laboratorio desde 1973.

A modo de cierre, no negamos que hoy en día las difíciles condiciones impuestas a Cuba le haya llevado por entre otros aspectos, a tomar el turismo como área fundamental de su economía, y que por tanto el desarrollo de dicha rama le obligue continuamente a enfocarse en mostrar únicamente lo pasado, lo bello o lo satisfactorio para el turista. Pero hay que tomar en cuenta en primer lugar que, aunque se expongan las situaciones concretas más dificultosas, probablemente, un turista probablemente estará lejos de prestarle atención. En segundo lugar, también recalcamos que siendo parte de una sociedad que nos ha criado en el más desequilibrado consumismo, no nos será fácil asimilar, más todavía desde nuestro rincón en el mundo, el cómo ha afectado el bloqueo al desarrollo de Cuba. Como sostiene el Che: “no se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad”. Esto último, según constató el grupo chileno de la XXV Brigada Sudamericana, se ha consumado, aunque no del todo, pues en palabras de los propios cubanos, “la revolución no sigue sino en construcción”.

Intercambio epistolar tras la experiencia

Tras la exposición fotográfica, se procedió a la lectura de dos cartas. En primer lugar, la de Fernando, trasandino que compartió intensamente con la brigada chilena la experiencia. La reproduciremos a continuación:

 

Buenos Aires, 16 de marzo de 2018

Queridas amigas y amigos…. ¡No! ¡Hermanas y hermanos!:

Junto con saludarles y felicitarles por la iniciativa que tuvieron de reunirse para seguir este viaje que a muchos les continúa dando sensaciones de alegría, de anhelo de volver a estar juntos y nostalgia infinita de lo sucedido. Quiero compartir con ustedes unas palabras, no exactamente de mi experiencia, ya que ustedes van a poder realizar de mejor forma aquello. Sino de mi reflexión de aquella experiencia para un pos, las cuales, son muchas e intensas. Pero intentaré ser breve y no menos exaltado. Pido mil disculpas por lo mal educado.

Antes de empezar no puedo dejar de pasar por alto el nombre que le colocaron a la reunión de hoy. Me sabrán o no disculpar, pero Mito y Leyenda ya fueron en su época cartas top. Ahora estamos en otra cosa mariposa. No, es un chiste. Pero de verdad es curioso que hayan utilizado esos términos tan cargados de simbolismo para algo tan concreto. No sé si tenemos interiorizado  lo que significan esos términos. Si mito y leyenda, lo están utilizando en términos de la  categorización griega que quiere decir: hablar de algo irreal y transformarlo en real, o sea, del mito al logos (razón). O si lo entienden y lo están utilizando en términos hermenéuticos, donde el mito es un tipo racional de interpretación del entorno real, donde la razón necesita descubrir el sentido y el significado de lo universal. Se los dejo como una duda compas, ¡y disculpen por ser tan rompe pelotas en eso!

Volvamos. Sé que el viaje a Cuba para muchos, me incluyo, fue una catarsis o un clivaje. Sabemos también que eso ya termino y que es hora de volver a lo de antes, pero ese antes ya no puede ser como era, ya que la realidad sigue siendo en sí la misma, pero en sus términos, cambió nuestra forma de ver el mundo. Para bien o para mal. Cambió en cómo se sienten las cosas y en cómo se ven. En cómo se experimentan y en cómo se presentan antes los ojos que han cambiado de color.

Mi experiencia por Cuba, marcó un antes y un después, en lo que sentía y en lo que pensaba. No como un movimiento telúrico que cambia el entorno de la realidad geográfica, sino como un reforzamiento a lo que ya estaba ahí presente, en forma de compromiso y voluntad, y que el tiempo lo envolvió amablemente en torbellinos de coral. Fue la experiencia más extraña y fantástica que me haya ocurrido. El conocer de primera mano, esa realidad que en antaño era sólo virtual, imaginada, conversada y oída, por la casualidad del susurro momentáneo. Pero ahora puedo, al igual que todos ustedes, reafirmar esas ideas que estaban ahí y que nunca claudicaron.

La visita a esa pequeña e insular isla, lleva el peso de un cargamento colosal, que nosotros, como brigadistas, tenemos que aprender a distribuir, como un patrimonio simbólico, como una llama, que no quema, pero que calienta y disputa parte del poder en la arena de lo político-social, de donde nos toque estar. Este compartir que tenemos en los hombros, en forma de esperanza, tiene que ser la huella de una luz que ilumine los entornos de nuestro hogar. Para que así, se contagien nuestros barrios o ciudades, ya que si no cambiamos la manera de pensar de nosotros mismo, va a ser muy difícil cambiar la manera de pensar de la gente, por lo tanto, va hacer prácticamente imposible algún tipo de transformación. Sí realmente estamos en eso, de transformar. Pero mi pregunta es ¿Qué hacemos ahora? ¿Qué se espera de nosotros? Pues mucho, y no podemos hacernos los desentendidos. Tenemos una verdad que brama…

Hacer contra-hegemonía o política, es complicado, es montar sobre muchas contradicciones. Y tenemos una tarea. Una de ellas es cómo llegar al sentido común de la gente, cómo crear una objetividad que enganche con su subjetividad, y contarles sobre la realidad cubana, por ejemplo: de cómo funciona; cuál ha sido su recorrido; cómo se formó; por qué se le llama democracia y no dictadura; o qué tipo de democracia es; etc. Para todo esto, tenemos que repensar lo ya pensado, no desde lo que nos han mostrado, los medios de comunicación que des-comunican al comunicado. Sino desde la duda de lo que está ahí, al frente de nosotros ¿Pero cómo hacerlo? Con una recuperación de lo arrancado, con una reconstrucción de lo roto. O sea, desde abajo, como ahora lo estamos haciendo.

Las palabras, en estos momentos inventan la realidad. Es cosa de escuchar primero y de ver después lo que sucede en el entorno donde nos encontramos. El mundo lo construimos con palabras, por lo tanto, es la condición performativa del lenguaje en la vida de todos. Por ejemplo, si estas en Colombia y te tachan como dirigente campesino, ya te tienen sentenciado a muerte con los para-militares, ya que antes de desaparecerte físicamente, te han asesinado con la palabra. O si llegas a una aduana con un bolso lleno de libros, y te preguntan “Por qué tantos libros”, y vos, con una maldad, que se equipara sólo con el ego de Peter Pan, le contestás o le disparás “Y porque acá son todos gorilas ¡no se da cuenta!”. Tenemos que pelear contra esa construcción de la realidad y lo que realmente pasa ahí. Pero para eso tenemos que armarnos de herramientas. Y mi llamado en estos momentos, es tener siempre en mente, que lo que dialoguemos, que lo que conversemos, se presente siempre en forma de una contra-cultura de lo que existe. Siempre interpelando al sentido común, a lo ya dado, a lo que supuestamente es normal ¿Pero qué es lo normal? ¿Existe lo normal como natural o también es una construcción? ¿Construcción de quién?

Cambiarle el nombre a las cosas es cambiar la realidad, y es revolucionario. Pero para eso hay que salirse de las propias categorías que utilizamos para poder así entenderlas y mirarlas. Hay que pensar el pensamiento, y sé que es complicado, pero no hay mayor alivio que encontrar la verdad en las cosas. Hay que plantearse, ya conociendo la realidad cubana, y claro, profundizando en nuestros estudios, el preguntarse, por ejemplo, tan sencillamente: qué es la democracia, qué es el ser humano, qué es la naturaleza, que es la patria, que es el amor.

Cuando uno aprende, cuando uno conoce, sabe que la verdad es más fuerte que uno mismo, porque la verdad nos trasciende en nuestra condición de animales finitos en un mundo que por ahora es infinitos, pero que ya lleva un buen tiempo gritando. La verdad nos hace libres, porque es más grande que nosotros mismos. Decía Hegel, que amar es dejar de ser para ser más. Uno deja de ser un yo, para ser los otros, por lo tanto, cuando te mueres, nunca vas a desaparecer del corazón de los demás, porque multiplicaste ese yo en otros. Por eso que las verdades te invitan a pelear incluso batallas que son escenarios dantescos de decepciones. Pero ojo, las batallas que se pierden, son las que no se dan. Y nosotros no podemos darnos el gusto de hacer eso. Cargamos con una verdad. Por eso, que esa gente como Espartaco, como Fidel y el Che, que se echaron al monte sin saber si iban a triunfar, los convocó algo más fuerte que ellos mismos.

Por lo tanto, lo que les propongo como ejercicio pedagógico, es intentar mirar nuestra realidad con ojos cubanos, con ojos de esperanza. Pero también con ojos de nuestro contexto, con ojos pesimistas. Con ojos, como los de los nenes del preuniversitario, que nos quitaron el suelo para incomodarnos. Más de uno se sintió con la garganta seca y avergonzado por no poder contestarles en sus términos, ya que su realidad nos llama a la discusión. Esta discusión tiene que ser primero, para entender lo que sucede y entendernos nosotros, para sacar esos velos que nos impiden ver la realidad; segundo, que el compartir que hagamos, tenga como fin, desmitificar nuestra subjetividad, lo que conocemos o lo que creemos conocer; y tercero, que de la discusión, salgan propuestas que choquen y planteen formas de praxis en el hábitat donde trabajamos o nos desenvolvemos.

Me disculparan por todo éste enroscamiento que les estoy arrojando sobre sus cabezas, pero en momentos como estos, donde peligran los avances que se produjeron en América Latina de mano de gobiernos progresistas. No podemos darnos el lujo de mirar hacia otro lado, no jugamos la democracia en estos momentos.

Ayer aprendimos escuchando y mirando. Hoy nos toca el trabajo más duro, que es hablar. Pero no hablar de lo lindo que fue conocer lugares, sino, de lo que fue encontrarse con ese espejo de dignidad que ha soportado los avatares de la tragedia, de lo mezquino y lo cobarde que es el cinismo estructural del poder. Por lo tanto, tenemos que hacer conciencia crítica a ese cariño que nos entregaron las hermanas y hermanos cubanos, en el reflejo de lo que ahora nos toca hacer que es Dialogar.

Decía Jesús Ibáñez que “cualquier revolución es ante todo una gran conversación”. ¡Los invito a conversar!

Nos vemos. ¡Besos, abrazos y un puño en alto!

Fernando.

En segundo lugar, fue leída la carta redactada por el propio grupo chileno presente en la XXV Brigada Sudamericana. La reproduciremos a continuación:

A modo epistolar: Tu poema y el mío

Martes, 20 de febrero de 2018

Compañeras y compañeros del CIJAM, sea esta la manera de retribuir mínimamente las atenciones recibidas por nuestra Brigada Solidaria en su estadía en Caimito. A modo epistolar, esperando reanudar un diálogo iniciado antes de conocernos de modo presencial. Es que es conveniente citar y actualizar la plena vigencia de sus acciones en el ánimo universal de los pueblos en lucha. En el esfuerzo de intentar no particularizar las reflexiones, pretendo pluralizar las expresiones recogidas.

Con el deseo postergado latiendo en la piel, hemos viajado voluntarios y solidarios hasta lo más insular del mito y la leyenda vivientes. A la provincia limpia de mercadeo humano. Donde nos espera la voz que invita a leer…  la invitación no es a creer; es a leer. Superar anécdotas, construir idearios y desarrollar las ideas.

El mito y la leyenda surgen cuando el asombro anida en Pueblos con su preñez de victorias. Eclosiona en historia épica, liderada por mujeres y hombres en estrecha colaboración.

Un espiral de hitos epopéyicos enlazados en el tiempo; único territorio inevitable y verdadero, extendiéndose para ser reelaborado, analizado, referenciándolo pedagógico y familiar.

En nuestra región interior, encantada por relatos absolutos, con ogros, hechizos, ausencias, extravíos y amenazas, aprendimos que para reunirnos con príncipes o princesas en peligro y  protagonizar un final feliz, era y es necesario no mirar a los costados, evitando caer en esas seductoras tentaciones; sobrepasando amenazas que toman formas sólo en nuestros pensamientos.

Nuestro norte está al sur del imperio agresor. Así, vamos aprendiendo a recibir cada día, para resistir. Así nos habla la leyenda de su liderazgo viajando en el territorio inevitable, a un tiempo futuro para regresar con el aprendizaje y compartirlo con su Pueblo.

Sintetizo en la visita efectuada al Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Silberto Álvarez Aroche con su eco majestuoso ante la pregunta, a modo de respuesta, efectuada por uno de los estudiantes: “¿Qué hacen ustedes que no anhelan esto y cambian su realidad?”

Es una importante tarea para  afrontar en el tiempo. Al menos yo, acepto el desafío… Cierro este primer intercambio, esperando respuestas, con el estruendoso cierre colectivo en las voces de los jóvenes: “Sólo llegarán a la cima, los que en su empeño tengan fe”.

 

Registro fotográfico

Compartimos por último una breve galería fotográfica con infografía adjunta:

Placa de entrada al Campamento Internacional “Julio Antonio Mella”. Julio Antonio Mella (1903-1929) fue un destacado periodista, atleta e infatigable luchador cubano. Fundó la Federación de Estudiantes Universitarios, como más tarde lo hizo con la Universidad Popular José Martí y la Liga Antimperialista, al tiempo que junto a otros, creó el primer Partido Comunista de Cuba. Más tarde, en el exilio, participó en la Liga Campesina Nacional de México, colaborando con la causa venezolana y la de Sandino en Nicaragua. Alguna vez señaló: “Mañana se podrá discutir, hoy solo es honrado luchar”.

El trabajo voluntario consistió en el corte de platanales. La brigada chilena obtendría mérito en su oficio.

El Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) es una organización social constituida oficialmente el 30 de diciembre de 1960. Organiza, junto al Movimiento Mundial de Solidaridad con Cuba, las Brigadas Internacionales de Trabajo Voluntario que llegan a Cuba prácticamente desde todo el mundo y son acogidas en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella.
Durante la estancia en el CIJAM, el ICAP desarrolló una presentación artística con la participación de la escuela de arte de Caimito.

 

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Según palabras de Bertolt Brecht, Ignacio sería sin duda un imprescindible. Santiaguino y urbanita metropolitano por adopción, de niñez en los Lagos, Chile. Sus coordenadas se mueven entre territorios artísticos y de expresión escrita. Escritor impenitente del devenir de las luchas actuales, cuya prosa prolífica de seguro nos dejará un testimonio y registro de las grandes y pequeñas contiendas por preservar la lucidez y la memoria. Actualmente es estudiante de Licenciatura de Artes Plásticas en la Universidad de Chile.

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