sábado, 17 abril 2021

EL CONCEPCIÓN QUE YO CONOCÍ

Llegará el día
en que, exultante,
te vas a saludar a ti mismo al llegar
a tu propia puerta, en tu propio espejo,
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,
y dirá, siéntate aquí. Come.
Otra vez amarás al extraño que fuiste para ti.
Dale vino. Dale pan. Devuélvele el corazón
a tu corazón, a ese extraño que te ha amado
toda tu vida, a quien ignoraste
por otro, y que te conoce de memoria.
Baja las cartas de amor de los estantes,
las fotos, las notas desesperadas,
arranca tu propia imagen del espejo.
Siéntate. Haz con tu vida un festín.
Derek Walcott*.

Nota del Editor: Si bien no todo tiempo pasado fue mejor, pero mucho de lo bueno ha cambiado. Acá Polizzi nos esboza este pequeño ensayo en que vuelca recuerdos de su niñez en un Concepción obrero y republicano, añoranza de los años 50, en que desde la ruralidad y su verdor que era transformado poco a poco en algo parecido a una ciudad. En que se iban levantando los que serían los cimientos de un devenir urbano en que el barrio era aún esa figura paterna serena que acogía y daba refugio compartido ante la sensible distancia y formalidad que se imponía desde un centro. Centro que a esas alturas de la niñez era para andanzas mayores. Pero que aún así, con toda su seriedad cívica, su plaza y sus edificios enormes, era sinónimo de una aventura compartida que comenzaba, en un viaje hacia lo citadino y desconocido, donde colindaban lo viejo y lo nuevo, la vida y la muerte. Nos habla de paso de esa ciudad inclusiva y verde, en que aún los ready mix no lograban cimentar el triunfo de la noche del mall y la inmobiliaria. De cuando aún no había calles que se llamaran 11 de septiembre. De cuando aún había espacios vacíos sin precio para jugar, de cuando ni grandes ni chicos tenían miedo y podían todavía estar juntos y compartir la sombra de un buen árbol.

Obtenida desde http://www.archivohistoricoconcepcion.cl

En mi lejana niñez conocí la pelota de trapo jugando en la calle, con cuatro ladrillos que las oficiaban de «arcos» y por supuesto la discusión si la pelota lanzada era gol o había pasado por sobre el imaginario travesaño. El día domingo todos mis hermanos y amigos debíamos bañarnos,(SOLO LOS DOMINGOS), peinarnos con gomina Brancato y «comernos toda la comida», solo cumpliendo estas reglas teníamos permiso y dinero para ir a la matinée (RECORDEMOS QUE NO HABIA TV).

En nuestra pandilla(DE UNOS 20 NIÑOS), todos con sobrenombres estaba por ejemplo el macaco, quien era hijo de una señora lavandera(NO HABIA LAVADORAS). El macaco no aceptaba que se le pagara la entrada al cine, por lo cual le ayudábamos a cortar pasto en la ladera del cerro «La pólvora», luego con tres o cuatro sacos llenos, íbamos a entregarlos a sus clientas, las que obviamente le pagaban. Ese pasto lo daban a las gallinas, era costumbre en todas las casas tener gallineros y a veces un chancho en engorda. Vendido el pasto nos íbamos a la galería del CINE REX, donde además comprábamos sopaipillas con ají, este era el cine preferido porque desde la galería llovían las tallas a la película, al «COJO» que pasaba la cinta o a cualquiera que para nosotros se viera reflejado en la pantalla. Los otros cines eran EL CENTRAL (actual teatro Concepción), el cine Prat (que era de FFCC), ASTOR, REGINA, LUX, y tantos otros.

En el barrio habíamos organizado un equipo de fútbol, EL CLUB UNION INFANTIL y desafiábamos a los innumerables clubes del barrio a jugar con su tercera infantil, (nosotros éramos de 10 y 12 años aproximadamente).

Obtenida dede http://www.memoriachilena.cl

En el cerro LA POLVORA había un tupido bosque donde desarrollábamos nuestra imaginación con aventuras de Tarzán o de los cowboys de las llamadas revistas de monitos como RED RIDER, ROY ROGERS, HOPALONG CASSIDI, GENE AUSTRI, MANDRAKE EL MAGO, EL PENECA, etc. En ese tiempo el año se dividía en TIEMPO DEL VOLANTIN, TIEMPO DEL TROMPO, EL EMBOQUE Y EL ENSARTE, TIEMPO DE LAS BOLITAS(de greda o piedra), solo algunos tenían acceso a las polquitas (DE VIDRIO). El 18 de Septiembre dábamos unas vueltas por las ramadas, que se hacían en todos los barrios, pero después mi padre nos recluía en la casa, cuyo living transformaba en ramada para su familia y los amigos, con globos, serpentinas, banderas, cuecas y demases, nos preparaba un ponche de tuttyfruty con bebidas y lo pasábamos muy bien…ahí ya llegaban algunas pretendientes…

En los veranos nos íbamos a acampar al RÍO ANDALIEN, allí el viejo construía una gran mediagua con planchas de zinc y planchas de terciado. Llegábamos para año nuevo y volvíamos el día en que se iniciaban las clases(marzo)…éramos 25 o 30 niños, mas los grandes; papá , mamá, familiares. El rÍo entonces tenía una correntada más o menos fuerte, sus aguas eran transparentes y abundantes, eran aguas tibias y limpias, con una gran variedad de peces de distintos colores y razas, con innumerables pozones que invitaban a nadar, a sus bosques cercanos íbamos a buscar avellanas, frutos de copihue, chupones, zarza, etc. Todas las noches se hacían fogatas, se tocaba guitarra, se cantaba, se pololeaba, etc…. Hoy da pena ver al ANDALIEN INDOMABLE convertido en un débil anciano, víctima de la desforestación de sus cerros, con sus escuálidas aguas contaminadas casi sin peces en su lecho.

No soy de esos viejos que dicen que todo tiempo pasado fue mejor, solo digo que nuestra ciudad es distinta, antes todos nos conocíamos, habían negocios que te vendían al ralleo (FIADO) y anotaban en una libreta que llevaba el cliente y todos pagaban. Había zapateros remendones que casi no quedan, peluquerías donde te hacían el corte colegial, la media melena. Había poquísimos teléfonos particulares, (mi abuela tenía el 421), y los vecinos se prestaban el fono sin problema. Había coches con caballos (similares a las diligencias de las películas) carrozas fúnebres blancas para los niños y negras para los mayores, en el caso de los pobres eran de dos caballos, el más pudiente lo llevaban con cuatro caballos y a los ricos los tiraban seis y ocho caballos. El conductor de la carroza fúnebre iba vestido con sombrero de copa alta (tarropelo) y frac, cuando volvía del cementerio en la calle los niños los molestaban gritándoles «y a la noche»….a la noche terminado su turno, se ponía su ropa «civil» y se iba a casa como cualquiera. Otra anécdota de los niños es que se encaramaban en la parte final del coche o de la carroza y viajaban unas cuadras así a menos que lo viera el cochero y al grito de «HUASCA VA» lanzara un potente latigazo que casi siempre daba en las piernas de los niños de pantalón corto. COSTUMBRE DE LA EPOCA ERA EL RECOGIMIENTO ANTE LA MUERTE, así cuando pasaba un funeral las personas que se encontraban a su paso se sacaban el sombrero y lo colocaban sobre su pecho, agachando además la cabeza.

SALESIANOS VERSUS REGIMIENTO CHACABUCO

Era costumbre hacer pichangas en los recreos del colegio salesiano; para ello los curas les arrendaban unas pelotas grandes de goma negra, en lo mejor de la pichanga la pelota pasaba la pandereta e iba a dar al medio del patio del regimiento, entonces mediante sorteo se desidia quien iba en su búsqueda, se observaba que no hubiera ningún militar cerca y se procedía al rescate, justo cuando el muchacho se inclinaba para tomar la pelota desde distintos puntos llegaban innumerables conscriptos, los cuales a patadas en el poto regresaban al compañero con pelota y todo al colegio.

El día 1º de noviembre se conmemora el día de todos los santos y los penquistas de hoy y ayer van a recordar a sus familiares fallecidos…pero antes era diferente, si bien el cementerio igual que hoy se llenaba de visitantes, con los niños y su consabido «va a querer agüita con escobita», después de ordenar las sepulturas los deudos subían la escalera hacia el CERRO LA CRUZ y allí bajo el MIRADOR se preparaba el fuego, el asado, los mates con malicia, etc. Ésta costumbre se hacía porque mucha gente venía en carretas con bueyes y antes de regresar al campo se tomaban un descanso y comían algo para aguantar el regreso…

  • Derek Walcott, poeta, dramaturgo y artista visual. Nació en Santa Lucía(Antillas menores).Premio Nobel de literatura 1992. Recientemente fallecido. Poema «El amor después del amor», traducido por Héctor Abad y Alex Jadad. http://www.elmalpensante.com/autor/762/derek_walcott

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Juan Salvador Polizzi es poeta y ciudadano en toda la extensión de la palabra, en su multiplicidad de vidas es difícil contar su biografía o reducirla a unas cuantas líneas. Sindicalista, anarquista, formador y librepensador, pero sobre todo es y ha sido siempre un hombre del barrio, amante de esta escala y sus relaciones. Ha hecho política a la vez que poesía, desde el mejor sitio desde la que se puede hacer, desde la calle y desde la formación sindical de trabajadores, sin trinchera que medie se ha entregado por entero a los ideales comunitarios y libertarios. Junto a muchos amigos en las ideas, espera que pronto su Barrio Norte se convierta en Comuna, con el fin de dar rienda suelta a los sueños que alguna vez estos paisajes despertaron en él y los suyos, que son muchos.

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