sábado, 17 abril 2021

LA PRECARIZACION DE LA ARQUITECTURA [Parte 1 / ¿Donde estamos? ¿Dónde están nuestros mentores?]

«Hacer es pensar. Hacer un buen trabajo significa tener curiosidad, investigar y aprender de la incertidumbre».  Richard Sennett, El Artesano.

«El mercado no es la libertad: vaya usted al mercado sin dinero a ver la libertad que tiene.»   José Luis Sampedro

Un fenómeno muy interesante es el que se ha venido dando a partir de la irrupción de la palabra sostenibilidad [1] en los diferentes ámbitos del diseño. Un concepto que dado su amplio significado y su multidimensionalidad, no es difícil que pueda sintetizar y catalizar nuestras necesidades en los tiempos que vivimos, en que el sistema económico occidental globalizante, cuyo éxito basado en la acumulación de capital y toda su concepción hace crisis. Hoy la ciudad basa su supuesto desarrollo en el crecimiento de los mercados inmobiliarios, que por su capacidad depredadora destruyen barrios y comunidades. Lo que es solo la faceta más visible de este sistema que hoy crece y ofrece sus enormes avances y ventajas producto del abuso de sistemas de producción deslocalizados, del flujo de grandes fortunas hacia países mas pobres y de la rentabilidad de negocios para nosotros invisibles. Hoy la ciudad debe a este sistema siempre ávido y creciente, su des-humanización y consecuencias socio-ambientales graves a toda escala.

Villa verde. Un proyecto de Elemental. Con productos de Forestal Arauco. Año 2010

Es mi percepción y no creo ser el único, el sentimiento acerca de lo vacío del concepto de arquitectura sustentable en Chile, cuando se aplica a arquitectura o a cuestiones urbanas. Y es que en mi opinión, por más uso que se le da al término, la pérdida de sentido que tiene «lo sustentable» siempre aparece al ser usado en un sentido parcial, como elemento de marketing y pasa a perder toda profundidad desde el enorme uso institucional. Sin ir más lejos al googlearlo en google.cl, ofrece más de 2 millones de resultados. Nunca antes estuvo un término relativo a la arquitectura tan de moda, tecnología mediante. Es preciso visualizar lo que es esta supuesta nueva economía verde. No nos engañemos, no es mas que una perspectiva de escape para economías más desarrolladas al borde de la quiebra, para los que Latinoamérica es el gran nicho en el que invertir, sea en plantas solares o campos eólicos, aunque aplasten o deprecien el paisaje, somos fáciles de convencer. Pero no se ilusionen, sustentabilidad es más alimento para este sistema, más de lo mismo, por lo que da pie para desarrollarlo en otro artículo.

El punto es preguntarse sobre quién en nuestro país, asume y digiere el término para adaptarlo de verdad a nuestra realidad, si es que vale la pena, considerando que la idea podría ser una oportunidad inédita, pero que como decía alguien «en las garras de la comercialización, murió toda buena intención». Si nuestras prioridades como habitantes de unas ciudades que son presas del precio del suelo y de la preponderancia de lo inmobiliario, no llegan pronto a ser redefinidas, el uso del término sostenible y sus promesas añadidas, seguirá siendo una entelequia. El sueño de que la ciudad chilena llegue algún día a ser lo que el mismo concepto encierra, la verdad se ve bien lejano y siendo realista estas cualidades al estar planteadas desde un contexto de países desarrollados deberían ser adaptadas, re estudiadas y siendo apropiadas a nuestro medio, estableciendo conceptos como segregación, densificación y peatonalización como prioridades a superar en el corto plazo. Y no necesariamente establecer una pirámide con tres dimensiones igualitarias en su planteamiento, no tiene por qué ser así.

El concepto se vuelve vacío, frente a la debacle urbana de la que somos testigos cada día en la intercomuna, con torres de departamentos apareciendo en los barrios, desplazamientos graduales de población de bajos ingresos y de tercera edad a las periferias, eliminación de áreas de riesgo de tsunamis a cambio de uso residencial en baja densidad, la negación de los pobres y sus campamentos de nuestras ciudades, formas de crecimiento artificiales, surgimiento y reproducción de malls y mega-supermercados y concentración de la riqueza hace que cualquier discurso sobre la sustentabilidad dada por un arquitecto parezca una mueca forzada sin mucho sentido.

El vaciado de contenido en la Arquitectura local penquista. Perfiles de algunos de los actuales desarrollos inmobiliarios. Ejemplo pantallazos de sitio web página Arquitecto Manuel Durán. Fecha 10 de Marzo 2017.-
Del mismo sitio web anterior http://www.mdi-arq.cl. , fotografía de edificio en Dichato, los arquitectos ofrecen lo siguiente: «La filosofía de la empresa, es ofrecer ideas innovadoras en el desarrollo de sus proyectos, sin identificarse con un estilo determinado, sino, buscar una arquitectura donde cada obra considere: las condicionantes del lugar, las últimas tendencias de la arquitectura y el urbanismo, las nuevas tecnologías constructivas, la sustentabilidad, el ahorro energético y las aspiraciones del mandante, siendo la clave en el desarrollo de las distintas obras».

Hoy sin duda que esta premisa derivada de lo que podríamos denominar como discurso de la sostenibilidad está siendo aprovechada mayoritariamente por el modelo, que hace de la idea una oportunidad de negocio, construyendo un imaginario colectivo aspiracional verde que ha sido asimilado de tal manera que vemos en esta idea una imagen objetivo a la cual aferrarse. Esto sin duda que es una idea potente que ha sido tomada por el mundo político e institucional, que también obtiene dividendos de estas premisas, actuando en todos los niveles, desde relaciones comerciales, tratados comerciales, políticas y decretos.

Volviendo a terreno, en este escenario urbano sin control aparente y modelado por el mercado, la formación y la opinión de los que se supone saben hacer ciudad es crucial. Aunque digámoslo crudamente, los que realmente hoy la hacen y construyen, ni siquiera necesitarían un título profesional para hacer lo que se está haciendo, lo técnico es lo preponderante, en ese ambiente la arquitectura pasa a llamarse construcción y el barrio, población.

Si alguna vez hubo regulación, ésta se modifica, y como si los instrumentos de planificación no estuviesen ya lo suficientemente debilitados, hay quienes poseen información privilegiada, comprando grandes paños en lo rural que algún dia al ritmo que vamos será rentablemente urbanizable. Otros instrumentos, que daban pie al diseño más cercano al peatón, como los seccionales que ya casi son historia y poco se usan. Hay que encender alarmas.

En nuestro ámbito durante décadas ha primado de una manera exacerbada sobre todo en la arquitectura, la acción sobre la reflexión. La arquitectura y el urbanismo, son procesos mentales, antes que de hormigón, acero y ladrillos están hechos de materia gris. Y hoy lamentablemente en Chile esto es un bien escaso, los hechos lo confirman y parten desde que no existe ni la carrera de urbanismo en nuestro país. Por otro lado arquitectos poco y nada pueden hacer frente al avance del motor de una betonera que viene siendo guiada al ritmo de un modelo considerado el paradigma del capitalismo aplicado en Latinoamérica, luego del shock dado en dictadura[1] su transformación a punta de fusil y del traspaso sin chistar de todo lo que era relativo de este mundo urbano de políticas sociales razonables, cooperativas a un desatado dominio casi totalmente a manos de grandes grupos económicos privados, del lobby y de las grandes concesionarias.

Edificio Alto Río luego del terremoto del 2010. Constructora SOCOVIL. La demostración tangible de los nefastos resultados de nuestras políticas urbanas guiadas por el libre mercado. Planes reguladores diseñados para inmobiliarios.

Analizando esta situación en la que estamos, en la que hoy nadie se atreve a hablar de burbuja inmobiliaria(por no terminar linchado), de influencias mal utilizadas, de participación ciudadana instrumentalizada, ni de políticas de vivienda vergonzosas, ya sea por la falta de estudios serios que desde otras disciplinas (no tan solo desde la economía) puedan darnos herramientas a los arquitectos para ver si alguien atina a decir alto!, paremos, pensemos?. Justamente hoy ya es preciso preguntarse si desde los arquitectos hoy en libre(nunca mejor dicho) ejercicio de la profesión, ¿alguien dirá algo?, es decir, ¿contamos con la masa crítica necesaria que requiere una decisión de los profesionales a decir que es preciso frenar lo que estamos haciendo?, ya que el modelo es inviable tanto a nivel de una ciudad expansiva, expansión en base a conjuntos de vivienda social de muy pobres espacialidades, nulos equipamientos en los barrios y pobre conectividad de corredores de todo tipo, dadas las características y los intereses que hoy mueven el llamado «desarrollo» urbano, tenemos esto, ¿Nos lo merecemos?.

Puede que no, pero creo es bueno reconocer que parte del problema está en la ausencia de esta masa crítica de arquitectos, de esta materia gris que debería hoy estar poniendo sobre la mesa las problemáticas urbano ambientales que tanto nos aquejan, buscando los culpables de estas graves cuestiones que hoy tienen la calidad de vida de las personas de a pie por el suelo. Con ello bien claro, deberíamos ir publicando cosas, saliendo a la calle y detonando denuncias que puedan generar respuestas informadas en la población que produzcan toma de conciencia, indignación y la exigencia de cambios.

El proceso para que esta materia gris no esté hoy dando la pelea, no ha sido obviamente producto del azar, sino que ha sido un proceso del que vale la pena repasar algunos hechos aunque sean ya conocidos.

Es en 1981, cuando comenzó el proceso de reforma de la educación superior en Chile, el proceso llegó a su clímax con la promulgación de la LOCE en 1990. Este proceso reformador de la filosofía detrás de la formación profesional y de quienes la podían impartir abrió la senda a los privados, y como era de esperar, dio origen a una onda expansiva sin precedentes a nivel nacional en la creación de oferta de educación superior, coyuntura que sobre todo fue aprovechada por inversionistas y grandes grupos económicos como una inmensa oportunidad de negocio, lo que redundó en la formación de muchísimas universidades e institutos. La libre oferta de carreras y el paradigma de la nueva educación superior convertida en prestación de servicios con copiosas utilidades comenzaba a funcionar a toda máquina.

Hoy, a 17 años de esto, esta desregulación y liberalización total de la oferta formativa tiene gravísimas consecuencias, las más notorias redundan en una grave saturación de la cantidad de profesionales en casi todas las áreas, siendo la Arquitectura una de las más afectadas. Hoy existen en funcionamiento 42 escuelas de Arquitectura en Chile. Cabe también mencionar que al día de hoy en Chile, existen más de 10.000 Arquitectos, número que se incrementa rápidamente año a año, por ejemplo en el año 2014, egresaron 1.323 nuevos arquitectos. Los números y los indicadores cuantitativos avalan el éxito del modelo creado para ofertar formación y ante estas preocupantes cifras, surgen algunas reflexiones en modo preguntas.

En primer lugar ¿Qué estamento será el encargado de hacer algo que frene o regule esta oferta indiscriminada?. La pregunta debería estar siendo planteada actualmente al menos desde la academia, pero pocas voces hay que se pronuncien al respecto, dado lo terrible que puede ser el jugar con las perspectivas de vida de miles de jóvenes que al término de sus estudios universitarios tendrán muy pocas posibilidades de ejercer su profesión tal y como lo sueñan, si no lo hacen en alguna inmobiliaria o temas afines a bienes raíces[4].Considerando esta realidad, la formación del arquitecto se ha ido amoldando convenientemente al mercado laboral generado por el mundo inmobiliario. Hoy asignaturas como composición o talleres de urbanismo han sido eliminados para entregar cada vez más contenidos ligados a conocimientos denominados «técnicos» y de construcción, excluyendo cada vez más el bagaje teórico que el oficio de arquitecto requiere. La falta de referentes intelectuales es abismante. La carrera ha perdido peso intelectual, poco se lee y es así como gran parte de sus cuestionamientos filosóficos, que tienen que ver con nuestros ideales, con lo que queremos para el futuro, han ido quedando relegados a mostrarle al alumno elementos con enfoques historicistas y pintorescos, que ya son a estas alturas contenidos de cultura general como analizar la historia del urbanismo europeo, admirando a Le Corbusier y las consecuencias de su obra en la Europa de postguerra, su expansión por Latinoamérica y Chile, sin situar al alumno en nuestro contexto y darle herramientas que le permitan criticar con propiedad nuestra realidad, la que corre con condiciones impuestas por el desarrollo del quizás negocio más rentable de Chile.

Siguiendo con las cifras, hoy en la región conviven por lo menos 5 escuelas de arquitectura, muy similares entre ellas, así como muy similares a sus pares a nivel nacional, sus mayas curriculares son casi calcadas la una de la otra y cada cual siempre introduce mejor lo «sustentable» como tema de interés transversal para enfocar sus materias. Este interés en lo medioambiental de la arquitectura, al parecer se queda en un interesado cariño por el medio ambiente derivado de lo comercial de las empresas que hoy lo sostienen como el nuevo maná para agregar valor. Esto se conjuga con un limitado conocimiento sobre cálculos urbanísticos y dimensiones para los espacios públicos, poquísimo de estrategias de diseño conducentes a mejoras bioclimáticas no solo a nivel arquitectónico sino que urbano. Para qué hablar de elementos teóricos y planteamientos cuyo origen que van más allá del diseño, quienes han llegado a conocer en la lectura a Christopher Alexander, Lucien Kroll, Lefevbre, Josep María Montaner, Jane Jacobs, Van Eyck, Alexander Tzonis y muchos otros referentes que casi ninguno de los nuevos arquitectos ni siquiera conocen. Es por la escala a la que estamos hablando, tal vez ya nadie puede hacer mucho con lo urbano, de más está decirlo.

Mira, te lo presentamos, es Aldo van Eyck, investiga un poco, qué tal?. Fuente. http://www.team10online.org/team10/eyck/
Tal vez habías oído hablar de ella, Jane Jacobs en 1962. Fuente: EFE. ¿Por qué deberías conocerla?. Lee.

Detengámonos ahí, nadie habla de lo urbano como elemento valioso de diseño, ni de seccionales, porque claro estos contenidos no son relevantes, ya que en realidad ¿qué puede hacer un simple arquitecto frente al peso del mercado inmobiliario que es quien realmente diseña la ciudad?.

En segundo lugar, dado que nadie dice ni hace nada al respecto, ¿Cómo hace un país como Chile para poder absorber esta oferta de nuevos profesionales egresados?. Por otro lado qué calidad posee la formación de estos arquitectos. Ante esta última pregunta algo malintencionada, cabe cuestionarse cuántos de ellos podrían en base a la calidad de su formación convertirse en los encargados de diseñar una ciudad mejor que las que tenemos o mejor dicho, dado que nuestro ámbito disciplinar como arquitectos y nuestro quehacer responde a una filosofía o a un ideario sobre cuáles son nuestros ideales de ciudad, nuestra ciudad soñada, cabe la pregunta sobre cuál es la filosofía con la que se les forma.

La nula conciencia crítica de los colegios profesionales y su casi nulo aporte al debate hace que hoy miles de arquitectos tanto de universidades tradicionales como privadas estén en búsqueda de cualquier cosa, sin un norte. Así dadas las cosas, son elementos flotantes en un campo laboral restringido hoy para ellos, pero bien enfocado, en oficinas, con sueldos pequeñitos y ni hablar de estabilidad laboral ni mucho menos de horarios, esas eran cosas de otros tiempos.

Junto a esto si que estamos en el punto de cuestionar cuál es el real valor que posee esta formación para una persona que requiere no solo conocimientos técnicos. ¿Existe algo de profundidad en estos conocimientos entregados en el pregrado? estamos formando a profesionales integrales y con una visión crítica de cómo hoy se desenvuelven los temas atingentes a fenómenos urbanos como la segregación residencial, la mala calidad de las políticas sectoriales.

Las leyes del mercado mandan actualmente en Chile, por ende bajo esta lógica mientras mas oferta existe de arquitectos recién egresados, menos vale su trabajo, menos valor posee la hora de arquitecto, y la producción se incrementa al ritmo de quienes pagan.

En Dystopia somos casi todos coolhunters, vaya que espectacular, un pallet hecho como mesa o una mesa hecha como de pallets?. Agregar al carrito ya!.

A cambio sí que los arquitectos podemos ser nuevamente los empleados de quienes tienen el poder adquisitivo y jugar un poco a hacer greenwashing a empresas inmobiliarias teniendo un par de placas solares sobre el techo o jugar un poco a salvar el mundo con pallets, ya dormimos felices. Al respecto las modas que han llegado a Latinoamérica van desde las fachadas y cubiertas verdes hasta la palletización de elementos, con soluciones que retoman estas ideas que en algún momento fueron parte de una subversión del diseño en contextos post industriales, son reemplazados, simplificados y de alguna forma traducidos a conceptos de diseño y estética bastante tradicionales.

Está claro que hoy existe una creciente “precarización” de la arquitectura y un buen ícono de este proceso en que lo que haces no vale nada es la “hiper-palletización” vigente del hacer diseño con elementos que aparentemente son baratos, muchas veces elementos reutilizados pero que paradojalmente son materiales incluso fabricados expresamente para la obra o comprados a un precio no tan bajo como su representación post-industrial quiere hacernos creer. Pero estas banalizaciones estéticas, a estas alturas ya dan igual, de todas formas, el arquitecto hoy como bufón de la corte será el que hable de cosas entretenidas y una especie de «coolhunter» de la sociedad, esos son los que caen bien.

Centremos el diagnóstico de este horizonte de la carrera de arquitectos, ya que estamos en esto:

1.- La influyente presencia empresarial e inmobiliaria en las carreras de arquitectura: En las universidades regionales es constatada la fuerte influencia de empresas como CORMA y su constante patrocinio y presencia en las escuelas de arquitectura o la constante presencia de académicos en charlas de la Cámara Chilena de la Construcción, ¿No hay allí un conflicto de intereses?. Siendo ésta un ente dominante que incluso define normativas a nivel nacional. Bajo este escenario es imposible pensar que existirá de parte de la academia algún tipo de crítica a la presencia de estas entidades en la región y su real impacto socio ambiental sobre los ecosistemas y las comunidades, dada su extensión a nivel de una macrozona con monocultivos. Menos pensar que sus politicas sustentables recibirán alguna revisión por parte de académicos vinculados al ámbito de la construcción o arquitectura. Hoy las carreras de arquitectura funcionan como plataforma dentro de las universidades para todo el «grenwashing» que pueden llegar a hacer conglomerados y empresas productoras de materiales en Chile, quienes detentan monopolios de los que cualquier país neoliberal se espantaría. La confusión que se ha generado en torno al tema de lo que en Chile se denomina sustentable, es transversal, siendo desde una herramienta institucional, de márqueting como un elemento para «generar valor» como se le ha llamado y justificación del culto a lo feo que nos caracteriza en nuestras ciudades.

El síntoma principal es la postergación de la formación en urbanismo, dada la poca influencia que realmente tiene la forma urbana, mientras se ha de pensar el objeto arquitectónico de manera aislada, como edificios cajas, es un síntoma terminal.

2.- La escasez de arquitectos mentores dando clases: los viejos maestros de la arquitectura chilena que tenemos a escala regional, hoy poseen un rol completamente marginal en la academia, eminencias como Osvaldo Cáceres González o Antonio Zelada Espinoza, se han alejado de las universidades por no encajar en facultades que promueven mas el facilismo en la formación, ya cansados de tratar de revertir los procesos de simplificación en la formación impulsados desde las nuevas mallas curriculares. Como es de entender, las universidades no les han dado cabida en lugares donde alguna vez tuvieron un gran peso e influencia en estudiantes que sin duda los veían como referentes integrales. Hoy son vistos como amenazas.

Al respecto es de entender que poco se hable de una filosofía o una concepción propia como escuela, con un sentido de pertenencia a nivel intelectual a un grupo humano, visión que evolucione poco a poco y constituya una base ética sólida sobre la cual plantarse como profesional. La falta de concursos para acceder a cargos docentes, hace que la calidad de la enseñanza decante cada vez más por jóvenes que poca diferencia formativa y de experiencia poseen con sus alumnos, aparte de haber recibido algún curso que tal vez los especialice. Hoy los profesores se ocupan más por ser amigos de sus alumnos, mas que sus mentores o formadores que entrenen el músculo cerebral, haciendo pensar, leer, situarse en contexto y criticar con fundamento. Hoy la enseñanza centrada en el alumno, hace que se respete la vieja consigna comercial de que «el cliente siempre tiene la razón», por lo que pocas veces se imponen términos formativos en el pregrado que hagan salir del facilismo al estudiante.

3.- La simplificación y unificación de mallas curriculares: El copipaste que significó el traslado literal del plan Boloña a nuestra realidad, hizo que finalmente las carreras se fuesen acortando, extrayéndose contenidos del pregrado para crear un postgrado el último año, casi obligatorio para no salir a la calle con una formación a medias, síntoma de esto es la pobre recurrencia hacia temas urbanos, reitero que ahí no hay que meterse dada la inutilidad de una persona natural pensante ante las personas jurídicas comerciantes.

Estos tres grandes factores hacen que realmente el arquitecto que se está hoy formando, posea un espectro bastante cerrado de temas que tratar como herramientas de diseño, cegado de referentes en su mayoría la masa del alumnado egresado prefiere quedarse a la hora de elegir sus referentes con Plataforma arquitectura antes que leer el trabajo y las concepciones de Tombazis, Olygay, Ezra Park, Habraken y muchos más, nunca hay tiempo, nunca hay calma para leer, todo es una vorágine de entregas y maquetas hechas casi siempre apagando incendios. Efectivamente como será la vida profesional, entregándose a esta con la idea de que te hará mejor profesional. El maquillaje y aleccionamiento se aprende bien, la dictadura del render, el casi ausente dibujo a mano.

Con este escenario, los alumnos y futuros arquitectos no poseen un piso teórico que los sitúe en algún lugar, pasan a ser clientes fáciles de grandes conglomerados empresariales, conquistados a punta de folletería, catálogos, expos y la promesa de prácticas y de casi nada. Este alumno de la octava región posee por ende casi siempre baja autoestima, ya que es probable que intuya que lo que está recibiendo como formación no es lo que esperaba, pero que ya es tarde para echar pie atrás, siempre nos quedarán las tendencias de las revistas de diseño, las entrevistas con grandes y coloridas fotos en couché, los muebles de pallets y las casas en el lago. Ya que en Chile, país de paradojas, somos tan liberales que incluso un grupo económico que se dedica a la venta de combustibles fósiles planifica el denominado primer barrio sustentable de chile[5].

Ante el panorama nada prometedor, es siempre preciso mantener el optimismo, teniendo la certeza de que serán los jóvenes serán los que cambien esta realidad, alterando el orden y la manera de proponer proyectos en una ciudad para todos, pero si no les damos las herramientas hoy, será fácil perder esas cabezas llenas de creatividad que serán arrastradas por la corriente fácil, en la era que seguramente pasará a la historia como una era de filosofía vacía o nula para el diseño, sin duda será el surgimiento de una contraarquitectura la que comience por cambiar no solo nuestra manera de diseñar, sino que nuestro enfoque, contribuyendo a una visión mas politizada del diseño, como manifestación en la lucha por un espacio urbano menos controlado, que sea escenario fértil para el emerger de una disidencia al sistema controlado por las fuerzas del capital, una ciudad entendida como un campo de batalla por espacios para la vida, en que dependerá de nosotros lograr espacios para la expresión, la vida de barrio y la ciudadanía, la autogestión, la libertad y el entendimiento de que lo público, es lo que nos reune como sociedad, donde cabe la vida de fenómenos complejos, diversos, insurgentes, subversivos y sanadores.

[1] Klein, Naomi. La doctrina del shock. 2007.

[2] http://www.metapoli.cl/revista/sobrestock.htm

[3] Fuente: http://www.mifuturo.cl/index.php/futuro-laboral/buscador-por-carrera?tecnico=false&cmbareas=3&cmbinstituciones=0

[4] Hoy el 42% de los arquitectos titulados trabajan en el sector de actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler. Fuente: hhtp://www.futurolaboral.cl

[5] Emol Economía, 16 de Marzo de 2015. » Copec planifica el primer barrio sustentable de Chile en terrenos de Viña del Mar».

[6] En el buscador de Google de España, la palabra sostenibilidad genera 13.700.000 resultados y mientras en Bélgica, Sustainability produjo 112.000.000 de resultados(Fecha 23 de Octubre del 2015)

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Naufrago urbano y funambulista del diseño. Arquitecto recluido por varios años en una escuela de ingenieros, hoy Doctor en Energías Renovables. Articula su investigación y reflexión en la interacción entre medio ambiente, política, tecnología y espacios habitables. En una búsqueda desde la perspectiva de los procesos de diseño popular y estrategias de adaptabilidad a escala comunitaria. Especialmente buscando los baches entre la tecnología, lo adaptado, lo que no lo es, lo impuesto, lo local, la vivienda, lo comunitario y la ciudad. Su crítica suele empalmar a medio camino entre estos campos, marcados por coordenadas que ya iremos descubriendo.

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