sábado, 17 abril 2021

CIUDADES INTELIGENTES…¿con sus ciudadanos?

Uno de los temas actuales más discutidos en el mundo del urbanismo son las conocidas Smart City. Para aquellos que todavía no tienen claro de qué estamos hablando, brevemente podríamos definirlas como ciudades en las que todas las variables que las configuran (vivienda, instalaciones, energía, residuos, sociedad, economía, información, eventos, medio ambiente, etc.) son optimizadas para alcanzar el ideal de sostenibilidad, en el sentido más amplio de la palabra. Naturalmente, hay quienes relacionan los intereses de las industrias tecnológicas y telefónicas con el empuje que están teniendo estas ciudades modernas. A esto hay que sumarle, además, el apoyo que reciben por parte de instituciones que las subvencionan y que se ponen el sello de “Smart”. Y, siendo sinceros, no es de extrañar, porque parece que el enfoque de lo que este concepto representa está centrado en dispositivos, sensores, aplicaciones y nuevas plataformas web de participación y de gestión. Elementos que se presentan como la panacea de los problemas a los que nos enfrentamos a día de hoy.

Sin duda estamos ante un tema de interés económico, del cual no llegamos a percibir su totalidad porque seguro que hay más intereses camuflados de los que podríamos imaginar. Pero, reticencias aparte, creo que merece la pena situarse ante este posible escenario de las ciudades. Esta situación futura, que ya está siendo presente, y evaluar qué opciones nos quedan a los ciudadanos en esa búsqueda de la democracia real, libertad, igualdad de oportunidades, un medio ambiente sano para nuestros hijos y, por encima de todo, felicidad. Parece la búsqueda de un sueño, pero son elementos tan fundamentales y básicos que ya tendrían que estar cerca de ser instaurados como algo seguro.

Más que nunca se oyen alusiones a la obra “1984” de Orwell, sobre el control que tienen las grandes industrias sobre nuestros datos, gustos, colores, localización y cualquier otra información y cómo están haciendo negocio con ella… ¿Es esto el comienzo de la Smart City? Si lo utilizan administraciones públicas o asociaciones para mejorar los servicios, la información y atención a los ciudadanos, es, por supuesto, un gran avance; pero si lo asociamos a las grandes industrias que nos ven como consumidores de sus marcas, sea cual sea el producto ya nos empieza a asustar un poco. Para salir del modo conspiración, aceptar el hecho de que viviremos con robots dentro y fuera de nuestras casas, o sensores y chips dentro y fuera de nuestro cuerpo, es un comienzo. Ahora, ¿cuál es el siguiente paso a dar?

Aplicaciones de realidad aumentada para teléfonos móviles (http://www.designboom.com/technology/augmented-reality- maps-application-for- iphone-by- crossfader/)

El conocimiento y el dominio de las tecnologías es una de las herramientas más básicas. Si los ciudadanos reciben educación, no de cómo funciona el dispositivo (apagado, encendido y cómo seguir siendo consumidor de sus servicios) sino de lo que está tras él y que no suele ser mostrado, ahí existe un gran potencial para cambiar la forma en que las ciudades funcionan.

Así, según la información que se quiera obtener, unos sensores instalados en la terraza de los vecinos de arriba podrían estar dando información mucho más realista que los que las administraciones públicas puedan facilitarnos. Por una parte, el ciudadano de a pie se conciencia de los valores reales de contaminación que hay en su ciudad; por otra parte, una red de sensores desplegada aportando datos continuamente, genera una información que, al estar al alcance de todos, puede permitir que la población ejerza más presión a la hora de defender ese medio ambiente saludable que buscamos en nuestro entorno.

Aplicación y sensores domésticos de Netatmo
(https://www.netatmo.com/product/weather/weatherstation)

Otro ejemplo, sería la producción de alimentos en las ciudades. Por el momento, parece que se reduce a un conjunto de solares gestionados por vecinos, desperdigados, muchas veces aislados, y asociados a ciertos grupos sociales, en los que participan tanto los ciudadanos como productores de los alrededores y cooperativas, para ofrecer una alternativa saludable a los alimentos que nos venden en los supermercados con ese sabor a nada tan característico. Sin embargo, si pudiese haber un sistema de riego inteligente, sobre todo para ciudades con climas secos, que pudiera además vincularse con depósitos de agua de lluvia filtrada, seguramente este tipo de espacios comunitarios podrían instaurarse en todos los barrios sin los posibles inconvenientes por el riego de los huertos.

Sistema de riego «inteligente» con sensores y monitorización implantado en Barcelona (https://www.esmartcity.es/2014/04/16/riego-inteligente- sensorizacion-y-
ahorro)

O, por qué no, un sistema de recogida de residuos que facilite la recogida selectiva tanto para el ciudadano como para los servicios de limpieza y que haya un sistema de puntos para valorizar los residuos y la colaboración del ciudadano (una versión “moderna” del sistema tradicional de reciclaje de botellas, por ejemplo, que aún sigue funcionando en muchos países).

La verdad es que las posibilidades son infinitas en cuanto los ciudadanos tengan los conocimientos y el acceso al uso y a la implementación de estas tecnologías, utilizadas en la transformación de sus ciudades. Si bien es responsabilidad de las administraciones el establecer unas reglas de juego con las empresas que apuestan por las Smart City, los ciudadanos deberían también hacerse con cierto control sobre estos cambios. Así, de la misma forma que las manifestaciones y las reivindicaciones consiguen la peatonalización de una calle, la creación de carriles bici o evitan el derribo de un conjunto histórico; la “okupación” y la reivindicación de espacios para los ciudadanos han tenido como resultado proyectos muy interesantes y preciosos que actualmente siguen en desarrollo en nuestras ciudades (la Tabacalera de Madrid, Esto No Es un Solar en Zaragoza, en Barcelona o el futuro bulevar de la entrada de Oviedo), en el mundo “Smart”, iniciativas como el “Smart Citizen Kit” y proyectos como “Arregla mi Calle”, están cada vez más presentes. Y solo es el comienzo.

Pensando de forma optimista, las grandes oportunidades que se nos ofrecen a día de hoy deberían permitirnos cuestionarnos el futuro con una mirada crítica y poner la tecnología al servicio de los ideales que tantos deseamos. La búsqueda de esa supuesta «sostenibilidad», vinculada a un bienestar real, un medio ambiente saludable y una economía repartida asegurando las necesidades básicas de todos los humanos, no puede demorarse más. Estamos frente a un gran reto, pero las herramientas de las que disponemos nunca nos han ofrecido tantas posibilidades. ¿Seremos capaces de cooperar juntos en ello?, o la pregunta previa es ¿estamos formando ciudadanos inteligentes?.

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Viajera y recolectora de sueños, desde muy joven colabora con distintas asociaciones como voluntaria, trabajando con niños en hospitales, campamentos saharauis, inmigrantes y personas sin hogar. Activista medioambiental, con una visión de la arquitectura y el urbanismo siempre desde un enfoque social en pos de los excluidos.

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